viernes, 2 de septiembre de 2016

La palabra propia.

Como docente animo a mis estudiantes que se animen a usar la "propia palabra", les comento que no importa que otro lo describa mejor o peor, nuestra voz también vale (la de elles), Corregir unos informes me llevó a reflexionar que yo no podía cumplir con esa tarea: usar "la propia palabra" me atemoriza, me expone. ¿Cómo podría exigirles que superen mi propio miedo?

Siempre escudada tras las citas o el pseudónimo, me acobardé frente al otro. No me pude hacer cargo que eso que leo, aquello que dijo otro, o que le hago decir a un alter ego, soy yo: "esta soy yo la que dice". Quizás por desconfianza a mi propia opinión o por creer que este "yo" (sin alter ni nada) también podía tener algo interesante que contar. 

De todas formas, en este diario público doy la bienvenida a la hermosa superación de mi amada cobardía.